miércoles, 21 de marzo de 2018

Las canciones de Temécula ven la luz





AHORA ES EL MOMENTO
Nos han programado para ser productivos a la sociedad sin sentirnos antes… y si para descubrir quiénes somos, tuviéramos que parar la máquina y escucharnos. Temécula frena en seco y despliega visceralmente siete canciones de exploración personal.




NO HAY TUNEL AL FINAL DE LA LUZ
Empecemos por lo esencial: el nombre de Temécula proviene de la palabra indígena “temecunga”, cuyo significado es “lugar del sol”. Ese fue el nombre que escogieron los indígenas luiseños  para llamar a su asentamiento en lo que ahora es el Condado de Riverside (California). A finales del Siglo XVIII la llegada de los conquistadores españoles y el contacto con ellos trajo enfermedades desconocidas por entonces en los indígenas, provocando casi su total exterminio. Y Temécula es el nombre con el que Javier Tejada (Albacete, 1978) presenta su proyecto en solitario en busca de su propia luz. Esa luz que empieza al acabar el túnel o al entrar en él. Esa que al comenzar un nuevo día puede llevarnos en volandas o arrastrarnos por el paso de las horas hasta refugiarnos bajo los vatios de una habitación exprimiendo una guitarra. La misma luz que a veces abrimos a puñetazos en la densa oscuridad. La luz que dicen se ve cuando emprendes el viaje del que no volverás. Fogueado en mil grupos desde finales de los años 90, tanto sobre las tablas (Cirujano Escocés, Neniam, Lehnmotiv, Sound Of Luna, Ferdelance, Dogal…) como en las sombras del control de sonido (Kayser Soze, Haunting Past), Temécula ha ido acumulando en su camino el polvo justo en su traje como para hacer ver de manera evidente que no es un recién llegado, al tiempo que consigue mantener la elegancia que el tono firme de sus composiciones reclama. Como elefantes defendiendo su terreno, Temécula camina recto y con fuerza.

(Luis Navarro Picazo)

No hay comentarios:

Publicar un comentario